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Homenaje a Blas de Otero ( y a sus lectores)

Resuena en tus palabras
un difuso clamor de verdades oscuras
cuando me las encuentro.
Rompen
en mi memoria, siempre
sonoras, firmes, claras,
como las olas de un mar poderoso
que sumerge y levanta,
sin devolver ni arrebatar nunca del todo,
una realidad turbia y mutilada:
el tiempo, el tiempo ido.
A su conjuro,
entre gotas de sal y luz de agua,
con el tiempo
yo mismo,
restos recuperados de mi mismo
vuelven y configuran un fantasma
que dibuja en el aire el viejo gesto
-casi olvidado ya- de la esperanza.

No todo se ha perdido;
vienen
a mi memoria siempre tus palabras
-claras, firmes, sonoras-
trayéndola, llevándola.

(Ángel González, Prosemas o menos (1985)

1 comentario

ana del moral -

Otro fragmento de Heráclito muy hermoso:

¿Cómo puede uno ponerse a salvo de aquello que jamás desaparece?

Lo recoge Clemente Alejandrino en el Paedagogus, interpretando el fuego eterno de Heráclito, del cual nadie puede escapar, para referirse a Dios.

No se puede trasladar a una época lejana problemas y términos de nuestro tiempo que no podrían surgir entonces, y menos como han sido planteados a una mentalidad moderna. Pero lo contrario si se puede... es filosofar.
Voy a lo que nunca muere y tampoco lo llamo divino ni sagrado. Lo llamo Blas de Otero y Ángel González:

"Una voz era paz, o luz, o acaso
era fuego esa voz; todavía llama"

Estos versos están tomados del segundo Homenaje a Blas de Otero, y me temo que estoy usando la misma edición de Ángel González que tiene la Biblioteca.